En el Museo de la Ciudad de Mérida, este jueves 19 de marzo se llevará a cabo la inauguración de tres exposiciones que, desde distintos lenguajes visuales, proponen mirar el territorio más allá de lo evidente. La jornada reunió a Izamal. El rostro oculto, del maestro José Pool “Mashka”; Primer fuego, muestra colectiva de cerámica de “La Arrocera” Campeche; y Las cuatro estaciones de Calafia, de la artista Rosa Beltrán Pedrín, quien llegará por primera vez a este espacio.
Uno de los ejes de la jornada es la presencia de Rosa Beltrán Pedrín, cuya obra Las cuatro estaciones de Calafia se construye desde una relación muy íntima con el paisaje. Más que fotografiar lugares, la artista observa cómo cambian, cómo se sienten y cómo se habitan. A partir de distintas regiones de Baja California, arma un recorrido donde la luz, los colores y las texturas marcan el paso del tiempo y convierten cada imagen en una experiencia sensorial.
Su trabajo no busca solo mostrar, sino detenerse y pensar el territorio, cómo lo vivimos, cómo lo recordamos y qué significa pertenecer a él. En ese cruce entre lo cotidiano y lo simbólico, incluso el término “Calafia” que también remite, en lo local, a formas de nombrar lo urbano, abre una lectura donde paisaje, identidad y mito se entrelazan. Como parte de esta misma línea de trabajo, este mismo día, también presentó el libro homónimo en el Auditorio de la Biblioteca del campus de Arquitectura, Hábitat, Arte y Diseño de la UADY, donde reúne las imágenes de la exposición.
Por su parte, José Pool “Mashka” regresa con Izamal. El rostro oculto, una propuesta que se distancia de la imagen idealizada del Pueblo Mágico para enfocarse en lo que normalmente no se ve. A través de la xilografía, el artista construye escenas de la vida cotidiana donde aparecen tanto la identidad cultural como las tensiones sociales: la precariedad, la desigualdad o la violencia. Sus piezas no romantizan, sino que observan con honestidad, recordando que detrás de los colores y la historia hay comunidades que siguen enfrentando problemáticas muy reales. Su trabajo insiste en mirar de frente, en reconocer que la riqueza cultural también implica contradicciones y procesos vivos.
La exposición colectiva Primer fuego, del centro de formación “La Arrocera” en Campeche, es una muestra de la cerámica desde una perspectiva contemporánea pero profundamente conectada con lo ancestral. Cada pieza parte de referencias al mundo maya y peninsular, pero no se queda en la reproducción, hay reinterpretación, juego, incluso humor.
La muestra funciona como un puente entre generaciones, donde las técnicas tradicionales se transforman y siguen vigentes en nuevas formas de creación. Más que nostalgia, hay una intención clara de mantener activas estas raíces desde el presente.
El evento inaugural contó con la participación de autoridades culturales, académicas y representantes de instituciones vinculadas a la FILEY y a la Universidad Autónoma de Yucatán, estará abierto al público en los horarios del recinto hasta el mes de mayo.







