Bajo Mina es el resultado final del proyecto universitario Matahambre de investigación-creación en un territorio en crisis -en este caso, el poblado Minas de Matahambre, desarrollado por un grupo de estudiantes-artistas de la Facultad de Artes Visuales de la Universidad de las Artes de Cuba entre julio de 2024 y agosto de 2025.
Es una exposición múltiple que incluye cinco exposiciones personales concebidas como ejercicios de culminación de estudios por cinco integrantes del proyecto a partir de la libre interpretación de sus experiencias y reflexiones.
Esta exposición estuvo expuesta en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, La Habana, del 25 de mayo al 25 de agosto de 2025, y ella expresa la esencia que se expone en las palabras curatoriales: Existe un universo que solo es dado a quienes llegan a lo profundo de la tierra y encuentran allí una riqueza múltiple que le da sentido a sus vidas: son los mineros de “bajo mina”. También los artistas exploraron la profundidad de las historias de estos hombres y las convirtieron en imágenes interpretadas, a veces como una vivencia espiritual, otras como información encriptada, recuerdos personales, microrrelatos reveladores, o acciones interrogadas.
Bajo esta idea curatorial se muestra la capacidad de los artistas de construir sus propias interpretaciones y reflexiones acerca de sus experiencias, enfocadas, fundamentalmente, en su componente humano, donde se incluye al propio artista.
Ariagna Álvarez Rodríguez en Paisajes que me habitan, parte de vivencias familiares de las minas de Aguas Claras en su Holguín natal, de su sorpresivo reencuentro acontecido en Minas (donde supo que también trabajaron sus tíos mineros) y las nuevas experiencias acumuladas, en las que la artista advierte, como constante, un fenómeno de mutua excavación e intercambio de daños y belleza entre el hombre y la mina que puede resultar perturbador.
Nelson Ramírez de Arellano Conde, Documentos desclasificados para una historia de Cuba (“si te digo, te miento”)-Capítulo: Matahambre, trabaja fotos antiguas mediante la “esteganografía crítica” y el empleo de códigos de cifrado, para ofrecer una información encriptada a plena vista sobre la microhistoria de Minas de Matahambre, con la intención de revelar otra perspectiva y devolverle un protagonismo perdido.
Adrián Lamela Aragonés, con La misión infinita, se apropia de un conservado archivo familiar del tiempo en que sus padres cumplían misión en Angola mientras él, con solo 4 años, y su hermano mayor quedaban al cuidado de su abuela en Minas. El artista hace público este archivo, lo interviene y manipula, no para contar su historia, sino para referirse a un conflicto que rebasa individualidades y fronteras: la contradicción que no pocas veces encarna el sentido del deber y la unidad de la familia.
Natasha Forcade Gómez en La tierra del cobre, asume sus experiencias y acciones con la especificidad espiritual y relacional del sitio concreto donde la artista actuó como activadora de empatías entre los seres humanos y entre estos y sus historias de vida individuales o colectivas. La artista mezcla fantasía y realidad con lo que enfatiza el sentido poético de sus aproximaciones.
Maykel Rodríguez Ricardo, en El oro de los días, evoca un poema del cubano Virgilio Piñera referido a esa ventana por donde vemos la vida. Sus piezas constituyen un compendio reflexivo sobre su experiencia de investigación en territorio, museográficamente enlazado a través de diferentes y ascendentes niveles de mirar, recuperar y, a la vez, cuestionar, que sobrepasan lo vivido en Minas para emplazar el sentido de su vida como artista.
Hortensia Peramo Cabrera, curadora y líder del Proyecto Matahambre