Ver la palabra

El retrato de la literatura de Rogelio Cuéllar

Laura González Flores

Si necesitáramos describir, con una sola palabra, el presente conjunto de retratos de Rogelio Cuéllar, podríamos utilizar, sin vacilación, la palabra especulación. Porque más que describir la realidad del ser que tiene delante (el retrato como fotografía de identificación), su proyecto se propone como una interrogación de esa realidad supuesta. El suyo es un proyecto de búsqueda de profundidad del ser en la representación.

Los retratos de Cuéllar son el producto de un uso sensible e inteligente de herramientas de la retórica fotográfica: sea porque construye patrones de luz y sombra, porque transforma la geometría del espacio o porque modifica la percepción de profundidad y definición de la imagen, Cuéllar crea las condiciones

de visibilidad de los sujetos retratados en cada uno de sus retratos. Más allá de las reglas, lo que el fotógrafo propone es una gramática de la imagen propia: un lenguaje que se va construyendo con el tiempo y que, justamente mediante la transgresión de los códigos de neutralidad de la fotografía de identificación, nos permite reconocer al retratado.

En sus retratos, Cuéllar busca captar esa expresión que posibilita que el espectador se acerque afectiva y positivamente al retratado. El verdadero logro de Cuéllar no es sólo afirmar que el personaje retratado estuvo ahí y funcionar como evidencia, sino que el fotógrafo consigue que sus imágenes se parezcan a nuestra imagen de los retratados.

Hay tantas estrategias para lograr un buen retrato como sujetos retratables. Eso lo ha comprobado ya Rogelio Cuéllar en su proyecto extendido de retrato que, además de las fotos de escritores, incluye también las de pintores, músicos e intelectuales mexicanos de las últimas décadas. La diversidad es hija de la humanidad.

En los retratos de Cuéllar encontramos esa sensibilidad que se enamora de la imagen del otro y que busca, como sostiene Deleuze, revelarla. Así, en el conjunto de fotografías de Cuéllar, observamos signos que delatan la personalidad del retratado llevándolo de ser un objeto de la mirada a un sujeto que está ahí: “la gracia del punctum es la mano de Tzara puesta sobre el marco de la puerta: mano grande de uñas poco limpias”. El detalle-signo que punza (el punctum), que adviene a nosotros (más que nosotros a éste), es un gesto por medio del cual el sentido afectivo de la fotografía se revela. Y junto con el afecto, la realidad presencial de la persona retratada.

Las palabras no se ven, los escritores sí. Rogelio Cuéllar nos acerca a ambos a través de múltiples vías. ¿Será que en sus fotografías “sopla el espíritu donde quiere”, como sugiere Octavio Paz del poder del retrato? Quede la respuesta al espectador de estos logrados, atrevidos y complejos retratos de literatos de Rogelio Cuéllar.

Fragmentos tomados del prólogo del libro El rostro de las letras de Rogelio Cuéllar (México, La Cabra Ediciones-Conaculta, 2014).